“Luchar contra la gentrificación es una batalla casi quijotesca”

 

Giuseppe Aricó delante de un edificio tapiado en Ciutat Vella / Foto: Javier Sánchez

Giuseppe Aricó delante de un edificio tapiado en Ciutat Vella / Foto: Javier Sánchez

Él es italiano aunque vive en Barcelona; Se opone a la derecha, pero critica a la izquierda, y hace de su trabajo su principal vía de manifestación. Quedamos en Jaume I y él mismo es quién me recomienda que vayamos a una cafetería más tranquila, más original, como las de antes, alejada de las grandes marcas repletas de turistas. Nos sentamos en una de las mesas del “Bar Brusi”, que parece salido de otra época, no se escucha música, las paredes son de baldosas, en el mostrador no hay muffins ni cupcakes ni brownies, así que pedimos dos cafés y por lo que presiento, he hecho bien en no llevarle a otro tipo de establecimiento. Hablo de Giuseppe Aricó, doctor en Antropología en la Universidad de Barcelona, especializado en Antropología urbana y miembro del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà.

“Empecé estudiando lenguas, pero aquello no era lo mío, así que decidí cambiarme de carrera y me acabé enamorando por la ciencia de los reformadores que le llamaban, lo que hoy se denomina antropología urbana” explica. Antes de haber podido dar un sorbo al café, Giuseppe ya entra en materia desplegando poco a poco su arsenal crítico a todos los frentes. “La lógica urbanística de la ciudad se basa en extraer dinero de ella, lo que desde el punto de vista marxista se le conoce como plusvalía, por eso si vas al centro de Barcelona ves el supuesto “espacio público” lleno de terrazas. Un ejemplo es el Born, que es una terraza continua”. Cuando habla de espacio público se le nota una cierta indignación por el uso que se hace. Según él, se ha prostituido el concepto hasta tal punto, que lo han vaciado totalmente de contenido y ahora lo usan de forma masiva. Se refiere a los políticos que lo utilizan mucho, insinuando incluso el actual gobierno de Ada Colau.

“El discurso era tajante, basta ya de vender la ciudad a un determinado tipo de sectores, pero realmente todas estas palabras y buenas proposiciones, que las hay, se quedan ahí.” La moratoria de los hoteles, la conversión de la Torre Agbar para convertirlo en hotel de lujo o la especulación urbanística en Vallcarca muestran la frustración que siente al ver como los poderes económicos controlan la política desde hace mucho tiempo. “Barcelona sigue siendo hoy en día una “ciudad de mierda“, en alusión a un libro suyo, aunque hayamos cambiado de gobernantes. “Si no golpeamos a las grandes empresas y sectores económicos como las inmobiliarias, no vamos a ningún lado”. Pero no se detiene solo ante el gobierno actual, ya desde los juegos olímpicos del 1992 comenzaron una serie de reformas urbanísticas y con ellas, un discurso que Giuseppe compara con la sanidad. “Se gira entorno a la idea de un enfermo al que hay que sanearlo, limpiarlo e higienizarlo; esto se hace porque si el espacio público lo dejas sin cuidar, se llena de vendedores ambulantes, gente que toca por la calle, botellones, artistas callejeros y todo eso no interesa, es más, simplemente estorba”.


El espacio público se ha convertido en un espacio contra él. No es democrático. 


Ya casi nos hemos acabado el café, pero parece que la entrevista acabe de empezar. La política no lo es todo y por eso mismo cambio el rumbo para ver que piensa también sobre la prensa. Echando mano al archivo digital, me encuentro con una carta que envió a Manuel Delgado hace ya cuatro años, quejándose de una noticia sobre un asesinato en la Mina. “A parte de algunos periódicos que luchan por representar verídicamente los hechos, de forma crítica y bien documentada, los demás representan la imagen que ellos quieren que veas, que a su vez, les viene ordenado por las grandes empresas que están detrás. La mayoría de los medios no reflejan bien ni de forma suficiente la gentrificación. Incluso hay algunos medios, no digo ya solo locales, sino internacionales como por ejemplo estadounidenses, que muestran la gentrificación como algo positivo. En mi opinión, se necesita una visión más crítica a la hora de hablar sobre gentrificación, decir exactamente lo que es, las diferencias entre una y otra”.

Llegados a este punto, quiero que se moje un poco más. Le propongo que puntúe la gestión urbanística de Barcelona del 1 al 10. Aunque se lo piensa un poco antes de responder no da lugar a ninguna duda, casi un 6. “Aunque la gente me vaya a lapidar por criticar la Barcelona modélica, de postal y con caché, es así. Yo que vivo en el centro, me siento un alienígena cuando salgo de casa, no me identifico, no pertenece a mi manera de usar y compartir el espacio público ni de ver el mundo en sí. El centro cultural del Born, más que cultural se parece más a un centro comercial. Es muy bonito a nivel estético, pero a nivel social no hay nada. No te permite relacionarte como vecino, sino como usuario o consumidor de un espacio público”.

Gentrificación

Para Giuseppe Aricó, la gentrificación es una lucha de clases, aquellos comercios históricos o los vecinos de renta antigua, contra los poderes de la clase alta. El mejor postor es quien gana. En el Raval o la Barceloneta se escenifica bien lo que es la lucha de clases, el más poderoso frente al más débil. Los desahucios son un claro ejemplo. “Personalmente siento mucha impotencia, mucha rabia porque son procesos en los que te ves impotente porque no puedes luchar contra ellos, pero también te sientes solo muchas veces, parece que luchar contra eso es una misión casi quijotesca, pelear contra los molinos, contra gigantes imaginarios que sólo tu pareces estar viendo.” recalca. “No sé si la solución pasa por sensibilizar a la gente a través de artículos académicos, charlas, reportajes o reuniones, pero eso no es suficiente. Se necesitaría también que el Ayuntamiento ofreciese espacios para que se reprodujeran este tipo de charlas por ejemplo, pero eso no ocurre porque es incómodo, sería auto-criticarse”.

Las tazas ya están vacías pero aún queda lo mejor. Salimos del bar y como quien no quiere la cosa, vamos caminando xino-xano hacia el Born. Sin querer ya tengo guía, me va haciendo una especie de tour y me muestra aquello que quizás no vemos o que no nos queremos dar cuenta. El Barrio está repleto de tiendas enfocadas al turismo, boutiques de ropa, tiendas especializadas en té verde, sombrererías y terrazas allá donde mires, y no baratas por cierto.

“Yo no soy de aquí pero me acuerdo que cuando venía de joven con 20 años, no tenía este punto crítico, ni conocimientos de antropología urbana, pero veía en Barcelona una ciudad mucho más humana, era totalmente diferente. Se han ido degradando las relaciones humanas, vecinales, al mismo tiempo que se ha ido mejorando en infraestructuras y maquillando la ciudad. Echo de menos esas relaciones vecinales, esa complicidad que antes había, la que sentías que tu barrio era la prolongación de tu casa, no como ahora que se ha deshumanizado todo e importa mucho el individuo en sí”. Y es que la gentrificación afecta también a las personas; para que sea capaz de comprenderlo mejor, me cuenta una anécdota. “Antes vivía en La Barceloneta y me cortaba el pelo en una peluquería de barrio, familiar. En aquél entonces, eran padre e hijo, pero el hijo tomó las riendas del negocio e hizo pequeños cambios, apenas nada. A los dos años volví a esa peluquería, y aluciné, se transformó en el típico hípster de revista, pero también el local, la decoración, todo. La gentrificación se apropia también de la gente, lo que se llama gentrificación del alma”.

“A mí también me afecta, hablando mal, ¡estoy hasta los cojones! no puedo más. Me encantaría que las relaciones humanas sobretodo volviesen a ser como siempre han sido, espontaneas, tranquilas, sin postureo, de verdad, sin mediaciones, directas. De la forma que afecta la gentrificación es lo que me molesta. En mi calle hay bares “modernos” y me siento incómodo aunque no debería porque no encajo ahí.

Acabamos la ruta en un sitio emblemático, el forat de la vergonya, situado en la parte central de los barrios de Santa Caterina y Sant Pere. Giuseppe me explica la historia de esa plaza, me enseña los solares que aún quedan de aquél destrozo, el huerto vecinal y la fuente que hicieron los mismos vecinos durante aquella lucha que – a pesar de las apariencias- perdieron. “Hoy por hoy me iría fuera de Barcelona, a los pueblos y barrios en que aún persisten una serie de relaciones y donde difícilmente llegará el tipo de urbanismo que hay aquí, con todo no pueden. Si te vas a la Mina, Sant Adrià, El Prat o Sant Boi de Llobregat por ejemplo, verás cómo hay otro tipo de relaciones, mucho más cercanas. En Barcelona también es difícil que vuelva a ser así en parte también por el turismo, ese turismo que vemos como una figura que pasa, chupa y se va”.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s