“Nadie dice: ¡Hola, soy afectado de gentrificación!”

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José Mansilla,  natural como en la entrevista. / C. Palenzuela

El antropólogo José Mansilla López (1974, Sevilla) hubiera respondido cualquier profesión si de niño alguien le hubiera preguntado a qué se quería dedicar de mayor. Su interés se centraba en todo y en nada, en la historia y en la medicina, en la lectura y en el cálculo. Con el tiempo, cuando ya tenía la edad suficiente para saber lo caras que salen las decisiones, supo por fin que estudiaría aquello que le asegurara una salida profesional. Para entonces las ingenierías eran muy buena opción. Mansilla demostró dos cosas en aquel tiempo: lo buen estudiante que había sido siempre, licenciándose en Ingeniería Agraria e Ingeniería Forestal en la Universidad de Sevilla, y lo útiles que eran sus presagios, llegando a trabajar durante muchos años como ingeniero.

Sin embargo, como si su vida se tratara de una canción compuesta por Joan Manuel Serrat, el amor y la inquietud que trajo debajo del brazo hace cuarenta y dos años hicieron que sus ambiciones metamorfosearan. “Entonces yo tenía una novia  –explica riéndose, tal vez por lo romántico que suena  – que estudiaba Antropología y yo le acompañaba algunas veces a la universidad. Me llamó mucho la atención, fui a sus clases y me quedé como guau. Fue todo un descubrimiento”. Hoy en día José Mansilla es doctor en Antropología Social por la Universidad de Barcelona (UB), él mismo se define como el antropólogo perplejo y vive en uno de los barrios barceloneses donde la gentrificación es una incómoda vecina: el Poblenou.

Acude al encuentro en bicicleta y, a pesar de la lluvia que estaba cayendo en Arc de Triomf, no parece que le fastidie la idea de empezar el día con una cantidad de agua en su chaqueta de pana similar a la del embalse de Vallvidrera. Lleva unos cascos quién sabe si para escuchar a Serrat  y va vestido con unos tejanos, una camisa beig que le asoma por debajo de la chaqueta color caqui y un pañuelo celeste perfectamente elegido que no hace sino resaltar sus ojos azules. Tras el saludo de cortesía y unos primeros comentarios, la naturalidad se hace protagonista de sus contestaciones y confiesa entre risas que no recuerda por qué escogió el nombre de su blog; reflejando una vez más que moverse por impulsos es lo que parece guiar su vida.

Este ingeniero-antropólogo, por poco historiador, es responsable del Área de Proyectos de la ONG Sonrisas de Bombay y miembro del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), del Institut Català d’Antropologia (ICA) y del Grup de Recerca sobre Exclusió i Control Socials (GRECS) de la UB. “Antropólogo”, su respuesta no admite vacilación ninguna, así es cómo se define profesionalmente hoy por hoy. ¿Su labor en la ONG? “Cualquier persona que no es antropóloga podría llevarlo a cabo, lo que pasa es que yo incorporo una visión a mis charlas sobre sensibilización que otra persona si fuera periodista o educadora no haría”, explica. Mientras transcurren los minutos dedicados a hablar de las oenegés – también formó parte de Ingenieros sin Fronteras – el sevillano saca a relucir su espíritu libre y es que, contra todo pronóstico, las define como un empleo más en el que cualquiera se convierte en eslabón de la cadena de funcionamiento. Llama la atención que al describir a Sonrisas de Bombay Mansilla mencione lo agradecido que se siente al saber que la organización valora su punto de vista y le otorga mucha capacidad de decisión, ya que de nuevo pone de manifiesto la autonomía que su espíritu necesita.

Vuelve a soltar otra carcajada. Esta vez cuando se percata de su permanente inconstancia; como si el hecho de narrar sus vivencias en voz alta estuviera ayudándole para auto-conocerse. Según este risueño antropólogo han sido los vaivenes que da la vida los que explican que él haya terminado interesado en el mundo urbano cuando lo que estudió en su día fue un Máster en Desarrollo Rural y Territorial en la Universidad de Córdoba. Sin embargo, a estas alturas de la entrevista los dos sabemos que nada sucede sin una razón.

Etapa de creación

“Estaba aprendiendo a jugar con todo”, alega mientras confiesa espontáneamente que cuando lee los primeros artículos de su blog le entra la risa. José Mansilla tenía todo lo necesario para abrir un blog: ganas de escribir y una buena historia que contar de mano de la antropología.


No hay que dejarnos llevar por las nuevas pautas vinculadas al consumo


La primera vez que escribió sobre la gentrificación fue cuando inició el doctorado en 2012. En un primer momento el concepto le provocó rechazo, no obstante su aplicabilidad y su poder como altavoz hicieron que reconsiderara finalmente su aparición en el blog. Mansilla declara de forma contundente  tal vez con la fuerza con la que se dice una certeza  – que los medios de comunicación hacen una aproximación muy reduccionista sin enumerar las líneas generales a las que la gentrificación responde y que son las que hay que atacar. Para él, “el proceso de sustitución de clases sociales en un territorio determinado” está interconectado con la política. También con la de izquierdas. El partido Barcelona en Comú no se queda fuera del ojo crítico del antropólogo sevillano, quién no titubea al culparle de abusar del término “espacio público” y despojarle de cualquier connotación.

En un artículo de su blog, Mansilla creó un nuevo concepto relacionado directamente con la privatización del espacio público y denominado gentrificación de las almas. Inhala aire y explica: “Las clases populares acabamos siguiendo la forma de vida de las clases medias o medias-altas. Hay que tomar conciencia de quienes somos y no dejarnos llevar por las nuevas pautas vinculadas a las formas de consumo.” Por primera vez en toda la entrevista se puede apreciar cómo el ritmo de la conversación se ha acelerado. Ya no sólo se palpa en el ambiente el frío húmedo de la lluvia, ahora también es notable su tono de protesta y de reproche, cuando – como si estuviera delante de una inmensa multitud en una de sus charlas achaca a todas aquellas personas que acaban tomándose unos gin-tonic con pepino en las zonas en las que meses antes fueron expulsadas. “Algo paradójico”, termina murmurando.

Los afectados

Él describe a los afectados por gentrificación como personas muy sutiles ya que, en su opinión, “nadie dice: ¡Hola, soy afectado de gentrificación!” y sin embargo hay muchos casos. Mansilla, como residente en el barrio del Poblenou, convive con ellos muy a su pesar. Cuenta con resignación como hace unos meses conoció a un hombre mayor, de unos setenta y pico años – vuelve a plasmar lo olvidadizo que es con los años , al que se le acababa de morir su mujer y el casero lo ponía en la calle. En su caso, aún no teme por su vivienda, pero sin embargo le es imposible no hablar como afectado y añadir: “Yo sufro en mi cotidianidad. Todo es consumo ahora y los precios han subido muchísimo.” Por su parte no quiere quedarse con las manos cruzadas, y por ello estuvo en la Asamblea Social del Poblenou, en la ocupación del Ateneu La Flor de Maig y en cooperativas de consumo. “La única manera de llegar a establecer el derecho a la ciudad, es decir el derecho a disfrutar de la vida urbana, es a través de una revolución social” termina proclamando el hombre de los ojos azules, que quién sabe, terminará estudiando Historia.

José Mansilla en la Asamblea Social del Poblenou. / videopoblenou

 

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