“El Gótico está fulminado por los hostales y los apartamentos”

Nos citamos en el Café Federal, en el corazón del barrio Gótico. Lo que pretendía ser una entrevista rápida y sencilla, resulta que no acaba siendo ni rápida – más de tres horas – ni una entrevista como tal. De la cafetería de estilo nórdico y ladrillo visto, a un tour improvisado – algo ya tradicional en mis entrevistas – escudriñando aquellos detalles que sin la ayuda de Aitor, hubieran pasado desapercibidos.

Gentrificity. ¿Cómo es vivir en Barcelona?

Aitor. [Entre suspiros] El barrio, el turismo, las condiciones de vida… te quitan las pilas. Ya no estoy enfadado, ahora estoy cansado.

Este es Aitor Elizalde. Por su apellido, se deduce que no es catalán y por su contestación, que no está muy contento. Aunque no es antropólogo, demógrafo ni arquitecto, conoce de primera mano el tema. Él es un vecino más del Gótico. Entre Ample Avinyó y Simó Oller, ha visto como el barrio cambiaba drásticamente en 3 años. Según él, la gentrificación es tan evidente en su alrededor, que no debes estar pendiente de ella para darte cuenta. A pesar de eso, siempre ha estado implicado en el tema y se auto define como observador activo.

“Te das cuenta enseguida. En tres años han desaparecido muchos locales para ser reemplazados a un nivel vertiginoso por un tipo de comercio muy concreto – refiriéndose al negocio de segways, patines eléctricos o bicicletas – Los vecinos no necesitamos establecimientos así, necesitamos supermercados, por ejemplo”. A pesar de ser algo tan básico, Aitor quiere hacer énfasis en este punto. El mercado más cercano está a 30 minutos andando y la comida en el Gótico, sale cara. “El hecho de no existir grandes superficies, nos obliga a comprar en los llamados paquis, que no tienen marcas blancas y que, aunque son asequibles para los turistas, son muy caros para los que vivimos aquí”.


“La única opción que te deja este barrio es volverte combativo”


La comida es el menor de los problemas y rápidamente aparece el plato estrella, el precio de vivir en el centro. Reconoce que él no es un buen ejemplo porque el casero no les ha subido el alquiler, incluso les ha hecho una rebaja. “Cuando llegamos al piso hace 3 años, estaba claro que ahí no vivía nadie, al menos no más de dos días. Había un sofá barato, una mesa, sillas de plástico y cuatro cosas más”. El problema real es la relación entre el precio y la calidad de vida, asegura Aitor. “Yo lo que quiero es funcionalidad, no belleza en mi casa. Estar pagando 1000 euros por un piso en el que no puedes dormir ni una vez a la semana del tirón porque hay fiesta ininterrumpida, no sale a cuenta”. De hecho, ha intentado irse varias veces, la última en septiembre. “Si pudiera desaparecer de aquí, no volvería ni al Gótico ni al Born. Volvería al Paseo de Sant Joan. Tiene de todo lo que carece Barcelona: espacio, luz, zonas verdes, y cerca del centro”. Con un poco de morriña, Aitor explica que dejó un piso – entre Arc de Triomf y Joanic – que actualmente rondará los 2000 euros al mes.“Sin duda, lo que más echo de menos es la luz y el silencio”.

TURISMO

G. ¿Estás en contra del turismo?

A. No niego la necesidad del turismo. Estoy en contra del macro turismo, contra la masificación del mismo. Lo que no puede suceder es que el turismo sea lo único importante de una ciudad, porque juega en contra de los ciudadanos.

El rumbo de la entrevista sigue su curso y la palabra tabú comienza a resonar. Sin tapujos, se adentra en la situación del turismo y sin darme ni cuenta, critica a la prensa, la cultura y la ciudad en sí. Se pone interesante. 

“El turismo de Barcelona es terrible. Son grupos de hombres o mujeres que vienen a pasárselo bien de manera muy intensa. Se pegan, vomitan y orinan en el portal cada semana. Una noche aquí es ruido constante hasta las 2, luego hay un parón hasta las 6 que vuelve con todos los que llegan de fiesta. Siempre hay alguien gritando o cantando, lo que provoca que los vecinos salgan a los balcones y griten. Es una rueda”. Como el mismo afirma, los turistas no son el único problema ya que gracias a la turistificación, la vida vecinal es realmente complicada. “Los más mayores son agresivos con lo que no conocen. Desconfían de ti por ser joven, temen que vayas a montar una rave cada día. Cada vez hay más turistas, y aquellos que no dominen los idiomas no se pueden comunicar, son vecinos que no existen. Si hay problemas son conversaciones a gritos”.


“El barrio es un comercio de ocio para los turistas y tienen todo lo que necesitan: Comida rápida y bebida barata”


Ya hemos acabado el café, pero aún queda mucha tela que cortar. Como hace frío, nos ponemos en marcha y poco a poco, voy viendo el Gótico a través de sus ojos. Dejamos atrás el passatge de la Pau y en frente de nosotros, unos apartamentos acristalados a estrenar. A partir de aquí, se empiezan a mencionar palabras como Airbnb, Ayuntamiento, viviendas turísticas o regulación. “Airbnb debería estar regulado y se deberían de tomar medidas legales contra ella. No obstante, responde a una realidad que canales oficiales no han sabido ocupar”.

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Duque Medinaceli -Anselm Pallàs

Mientras seguimos el paseo me cuenta una anécdota relacionada con los pisos turísticos. “Nos denunciaron porque se pensaban que estábamos haciendo un Airbnb en nuestra casa. Nosotros también hemos señalado dos veces al piso que tenemos debajo. No puede ser que cada dos días el vecino cambie de cara y de idioma, algo raro pasa”. Extrañado, le pregunto que a quién se dirige para denunciar la existencia de alojamientos turísticos sin licencia. Es ahí donde entra el papel del Ayuntamiento.“El gobierno de Ada Colau desplegó un equipo basado en preguntar puerta por puerta si conocen la existencia de pisos turísticos. Nosotros hemos recibido dos visitas de reguladores del Ayuntamiento, preguntando si conocíamos algún piso que creyéramos que no tuviera licencia”. A nuestro protagonista no le dolió que sus vecinos les denunciaran, pero si le duele más ver el trato que recibe desde la prensa. “Es curioso como medios de la talla de El Periódico y La Vanguardia han reaccionado en contra de la ciudadanía, acusándolos a veces de chivatazo, del dedo acusador, insinuando que lo que promueve el Ayuntamiento es que jodas al vecino. No hay espíritu crítico por parte de los medios”

FUTURO

G. ¿Te ves viviendo en el Gótico mucho más tiempo?

A. Yo me voy a ir de aquí, estoy cansado. Vivir en el Gótico tiene cosas buenas, pero no compensa. Pasa de que guay eres, vives en el maldito centro a que imbécil eres, vives en el maldito centro.

“Barcelona tiene necesidad de aparentar, por algún motivo. Se ha instalado un estilo de vida bastante superficial en cuanto a la manera de consumir la ciudad. Los nuevos jóvenes están aquí para quedarse y las nuevas tendencias que a priori son sanas, se convierten en homicidas a nivel de barrio. El siguiente barrio que se ha destruido es Sant Antoni, que se ha convertido en una gran terraza para tomar el vermú los domingos por la tarde”


“Mientras Barcelona sea una maquina bien engrasada para generar dinero, no mejorará”


Llegamos a la recta final de la entrevista. Es de noche en la plaza del Duque de Medinaceli y todo parece tranquilo. No obstante, otra vez ataca el duende de la gentrificación. En frente de la gran estatua, un edificio con el cartel de Engels & Volkers – Inmobiliaria de lujo – en el que solo una ventana parece tener vida. Al lado, el club Soho, tan selecto que no aparece el nombre en ningún lado. Solo una pequeña placa en la puerta a letra pequeña. “Aquí solo puede acceder gente VIP y pagan cientos de euros por pertenecer al club”.

Aitor ya está un poco cansado. Cansado del barrio y quién sabe si de la entrevista, así que le doy tregua, no sin antes preguntarle por lo más importante, él. “Tengo que admitir que cada vez cuesta más vivir la ciudad emocionalmente, todo es un obstáculo. Me gusta mucho vivir la cultura, y nunca he sentido que Barcelona te invite a disfrutar de la cultura. Madrid o Berlín son mucho mejores que Barcelona. Ahí se vive muchísimo la cultura, se respira cultura. La gran diferencia es que en Berlín yo he estado en contacto con alemanes, entras en su estilo de vida. Desafortunadamente, el futuro lo veo negro. Es algo muy español de hecho, la ciudadanía renuncia a Barcelona, a no ser combativo”.

 

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